Te dirán…

TE DIRÁN…
Te dirán que naciste con pecado…, pero si le preguntas a Aquel que te envió, amoroso responderá que fuiste creado impecable, que la santidad es tu verdadera naturaleza y que nada de lo que sueñes ser en este mundo puede cambiar lo que en realidad Eres y que Él generó extendiéndose a sí mismo, tal y como los rayos del sol se extienden desde su fuente.

Te dirán que has nacido para sufrir y sacrificarte de modo que al morir puedas al fin ganarte la salvación. Pero te han mentido. Nadie “allá arriba” exige tu dolor y la salvación es tu herencia, fuiste creado con ella, y el regalo que tu Creador ha dado no puede ser arrebatado. Su deseo es que seas feliz siempre.

Te dirán que eres un cuerpo hecho de espacio y tiempo, que te haces más espiritual cuando rezas, cuando aprendes de memoria citas de libros sagrados que no entiendes o cuando calientas las bancas de los templos mientras solapadamente duermes en medio de un sermón.  La verdad es que nada de lo que hagas o digas puede hacerte más o menos espiritual, pues no lo eres por tus acciones sino por tu Origen. Eres espiritual porque vienes del Espíritu, eres La Eternidad misma soñando que es una ilusoria criatura del tiempo.

Te dirán que debes infructuosamente luchar por ir hacia afuera y conseguir satisfacción en los objetos del mundo material. Sin embargo, eventualmente y luego de mucho buscar, llegarás a la conclusión de que la gratificación solo se consigue yendo hacia adentro.
Te dirán que el Reino Espiritual es “sutil”, translucido y vaporoso como un fantasma; mas aquellos que en verdad lo conocen jamás cesaran de dar testimonio de su infinito poder y gloria, así como de su avasalladora realidad, capaz de borrar todas las ilusiones que alguna vez tomaste por ciertas.

Te dirán que la Luz al final del túnel es la última alucinación de los moribundos que abandonan este mundo; mas los que han llegado hasta ella y retornado, saben con certeza absoluta que la Luz es real y que la alucinación es el mundo desde el que pareciera que nos proyectamos hacia ella.
Luz en tu camino
«Enrique Villanueva»

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