El nuevo paradigma no es el viejo mejorado.

Algo que no ha pasado aun en este planeta, de manera generalizada, es que se elija amar como opción natural y cotidiana. Este sencillo gesto tiene como eje la disolución de la memoria y el interés personal, de ahí su dificultad.

Cómo ya hemos comentado amar no es querer, el amor no puede sostenerse desde el interés personal, pues su naturaleza es transpersonal. La historia nos recuerda que siempre hubo bandos, confrontaciones, tendencias enfrentadas que movilizaban la balanza a un lado u otro según el momento y la fuerza de los contrincantes.

Desde la confrontación en el Edén entre el mandato de dios y la propuesta de la serpiente, pasando por la acción de Caín sobre Abel y así hasta nuestros días. Pareciera que en el imaginario colectivo si no hay oposición la vida pierde sentido.

Esto me recuerda al comentario del agente Smith, en la saga de Matrix, cuando le dice a Morfeo que una matrix anterior falló porque eliminaron el sufrimiento del programa y los humanos no pudieron aceptar tal escenario: “Creo que los seres humanos como especie definen su realidad a través de la desdicha y el sufrimiento. Así que el mundo perfecto era un sueño del que su cerebro primitivo se trataba de despertar constantemente.”

Nos educaron en un mundo cargado de opuestos, en la oposición del mal al bien, del día a la noche, del frío al calor, de los indios a los vaqueros, de los rojos a los azules. Por amor tuvimos que elegir una tendencia, debíamos de pertenecer a algo, o alguien, antes que a nosotros mismos, pues nosotros no existíamos sino a través de otros anteriores, así se replicó la tendencia y desde que comenzaron a contarnos la historia nos ubicaron en un fragmento para que confrontáramos a todos los demás.

Si eres de algo te conviertes en eso, que pasará a ser tu identidad, y por extensión rechazarás todo lo que no es ello, así hemos creado un laberinto de tensiones plagadas de miedos por la existencia de tantos otros, “no nuestros”, que hacen peligrar nuestra integridad.

Un nuevo paradigma entonces no es que una de las partes prospere, se mejore o alcance su perfección, sino que las dos partes desparezcan, dando paso a una nueva visión, inviable si la condición natural sobre la que se ha creado la identidad plantea la exigencia de pertenecer a una de ellas excluyendo a la otra.

Había que elegir entre ellas cuando se presentaban como rivales en su manifestación parcial. Una nueva visión nace y se desarrolla desde una nueva realidad, para ello no ha de existir la memoria de una realidad anterior pues ésta, como un virus, querrá reproducir su mecanismo de nutrición aunque haya mutado su apariencia y pretenda parecer algo nuevo.

La propuesta es clara, si realmente sientes en tu interior que la única salida hacia el verdadero cambio de paradigma es el amor, deja de confrontar, no repitas las acciones que otros ejecutan por muy nefastas que sean estas, y muy justificada que pueda parecer la represalia contra ellos, fomenta en tu vida la impecabilidad, la ética superior y el amor como eje hacia todas las acciones, sostén esta mirada, mantén la calma y la inofensividad.

Recuerda que formas parte de un todo y cuantas menos partes ejecuten el programa antiguo menos posibilidades existirán de que este permanezca. Solo si somos muchos en esta nueva propuesta se desarticulará lo antiguo. Lo antiguo no se combate con las argucias antiguas, replicando lo que otros, atrapados en la memoria, todavía hacen, aunque pensemos que nuestro fin es mejor, pues eso forma parte del paradigma que nos tiene atrapados en la repetición. La única manera de acabar con lo antiguo es hacer algo nuevo y lo único nuevo es vivir en el amor.

Por eso amemos, no perdamos tiempo.

«Luis Jiménez»

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