Eres mi hijo

Ellos decían que tú te estabas formando dentro de mí.

Pero yo sabía mejor. Estabas mucho más cerca que eso.

Mi cuerpo era tuyo. Tu aliento era mi aliento. Tu corazón era el mío.

“Debes sentirte muy feliz,“ decían. “Felicidades. Serás una magnífica madre.”

Lo dudaba. Inmensos terrores me inundaban. El éxtasis también. A veces me sentía profundamente sola. Como si nadie me entendiera, incluyendo a mis amigos más cercanos, mi familia, mi esposo.

Mi dolor era tu dolor, pequeño. Mis alegrías, mis tristezas, mis miedos, mis anhelos, todo era tuyo. Y todo lo tuyo, mío.

Sensaciones extrañas. Dolores. Ternura, contracciones. Cambios de humor.

Náuseas. Dios mío, esas nauseas constantes. Sangre por todos lados. Dolores de espalda. Ardor en el estómago. Todo ardiendo en llamas.

A decir verdad, había veces en que te culpaba. Quería que salieras de mí. Quería deshacerme de ti, la más grande de las traiciones. Rompiste mi corazón y destrozaste mis sueños. Una vieja vida se había esfumado, una nueva vida se estaba formando. Una muerte, un nacimiento, una crisis de fe.

A veces no sabía si aún te quería. Ahora soy capaz de admitirlo.

Sin embargo, había veces que te necesitaba demasiado. Había veces que no podía imaginarme vivir sin ti. Veces en las que tú eras lo único que tenía en este mundo. Tú eras la razón para tomar otro aliento, mi razón para quedarme aquí.

Hubo veces que contemplé la posibilidad del cuchillo, pero tú me detuviste. La vergüenza de ello, qué vergüenza. Y la culpa. El miedo a mí misma. Todo reventando. Miedo de las cosas que nunca fui capaz de compartir. Cosas oscuras. Visiones. Movimientos en la noche. La serpiente, el murciélago, el velociraptor. Demonios, diablos, seduciéndome. Cosas desconocidas queriéndome arrebatar el alma. Lo inconsciente haciéndose consciente. Mensajes. Los muertos volviendo a la vida. El movimiento de los planetas en el espacio profundo. Conexiones extrañas, coincidencias, sucesos inexplicables. Murmullos en el vacío. Los miedos colectivos de cada madre. Tratando de mantener todo en su lugar. Para ti. Para ti.

Qué comer, qué no comer. Dormir, despertar. Moverme, descansar. Mantenerte a salvo. Mantenerte a salvo. Mantenerme a salvo a mí. Cómo moverme conforme crecías. Todo el mundo dando sus consejos. Déjenme sola. Cállense. Déjenme sola, todos. Mi mano sobre ti. La piel extendiéndose con más fuerza. La piel estirándose, abriéndose, desgarrándose. Capas que se desprendían.

¿Fuiste tú el que se movió? ¿Acaso te sentí? Visiones extrañas, sentimientos que no puedo explicar. Nuevos sentimientos. Confuso. Insoportable a veces.

Sigue adelante. Haz que todo esté bien. Pon una cara valiente.

“Debes estar tan feliz. Felicidades. Serás una magnífica madre.”

¿Una magnífica madre? ¿Como mi propia madre? Dios.

Y luego, el día que saliste. Pujando, empujando, y tú, no salías y no salías. Empujando y una especie de maldito dolor, y no, no creo que los hombres puedan entender, en verdad no lo creo. Todo se rompe. La carne se rompe. Todo se chorrea, se expulsa, la tragedia de un universo.

¿Feliz ahora?

Llena de sangre, lastimada, desnuda pero viva, ¡allí estabas! La mente se detuvo. La mente se fue. Mía. Ya no es mía. Y sin embargo es mía, tan mía. Y todo maravilloso. Maravilloso. Perfecto. Destrozada, sí, pero perfecta. Mi corazón se rompe una y mil veces, y tú vienes y lo reparas una y mil veces.

Tienes una cara, la tuya propia. Qué cara. Piernas, brazos, también. Ojos que saben. Ojos como los míos. Creciste en mi interior pero apareciste fuera. Tú, renovador de formas; tú, el milagro; tú, pequeño niño.

Respiraste por ti mismo. Mi pequeño niño, respirando por sí mismo.

Y de pronto, me di cuenta que extrañaba los días en que respirábamos juntos. Nostalgia por esos días. Pero me encantó que respiraras por tu cuenta. La alegría y la tristeza de eso, algo que no puedo explicar. Apenas y puedo soportar todo en mi exhausto corazón. Dependiente, independiente. Uno, pero no lo mismo.

Mi hijo, mi pequeño y dulce hijo, no sé si naciste ese día, o si te desprendiste de mí, o si una vida vieja murió, o todo esto al mismo tiempo. ¿Por qué mi corazón se rompía mientras todos a mi alrededor lloraban de alegría? ¿Acaso tú sabías la respuesta?

Mi pequeño niño. Mi pequeño niño, pegajoso, lleno de sangre, gritando por tu vida, anunciando tu llegada a quienes se permitían escuchar. Separándonos, aunque nunca podríamos estar separados. Somos dos corazones hechos desde el mismo corazón, dos alientos que alguna vez fueron indistinguibles. Moriría por ti, te daría mi corazón, mi cerebro, mi cara, mi todo.

Yo soy tu madre, y tú eres mi hijo.

Y si el rey Salomón declarara su juicio, yo no tendría que pensarlo ni un segundo. La respuesta es sí, mi amor, la respuesta es sí. Tómalo, tómalo, tómalo mentiroso, toma todo de él, no la mitad, sino todo de él, y mantenlo a salvo, y ámalo como yo lo amo, y yo lo guardaré en mi corazón, y él me encontrará, sé que él me encontrará, un día, un día, él romperá sus cadenas y me encontrará, encontrará su camino a casa, porque su cuerpo era el mío, su aliento era mi aliento, y nuestros corazones siguen latiendo como uno solo.
«Jeff Foster»

LAS REGLAS PARA SER HUMANO

LAS REGLAS PARA SER HUMANO

1. Recibirás un cuerpo: Puede ser que te guste o que lo odies, pero será tuyo durante todo el tiempo que pases aquí

2. Aprenderás lecciones: Estás inscrito a tiempo completo en una escuela informal que se llama vida. Cada día que pases en ella tendrás oportunidad de aprender lecciones. Puede ser que las lecciones te gusten como que te parezca que no vienen al caso o que son estúpidas.

3. No hay errores, sólo aprendizaje: El crecimiento es un proceso de ensayo y error: la experimentación. Los experimentos fallidos son parte del proceso en igual medida que los que, en última instancia, funcionan.

4. Una lección se repite hasta que está aprendida: Cada lección se te presentará en diversas formas hasta que la hayas aprendido. Cuando eso suceda podrás pasar a la lección siguiente.

5. El aprendizaje no tiene fin: No hay en la vida ninguna parte que no contenga lecciones. Si estás vivo, aún te quedan lecciones que aprender.

6. «Allí» no es mejor que «aquí»: Cuando tu «allí» se ha convertido en un «aquí», simplemente habrás obtenido otro «allí» que te parecerá nuevamente mejor que «aquí».

7. Los demás no son más que espejos que te reflejan: No puedes amar ni odiar nada de otra persona a menos que refleje algo que tú amas u odias en ti mismo.

8. Lo que hagas de tu vida es cosa tuya: Tienes todas las herramientas y recursos que necesitas, lo que hagas con ellos es cosa tuya. La elección es tuya.

9. Tus respuestas están dentro de ti: Las respuestas a las cuestiones de la vida están dentro de ti. Sólo tienes que mirar, escuchar y confiar.

10. Te olvidarás de todo esto…pero podrás recordarlo siempre que quieras

«Cherie Cater-Scott»

Relaciones sanas.

Las relaciones y amistades más sanas no son necesariamente las que se ven ‘más felices’ a simple vista.

No son necesariamente en las que se ven dos personas siempre tomadas de la mano, riendo, bailando y cantando rodeados de mariposas en Instagram, en las que nunca pasa ‘nada malo’ y en las que el amor es hermoso, dichoso y perfecto.

La perfección externa puede ocultar fácilmente una devastación interna, una desconexión y esa terrible, tácita desesperación por ser libre.

Las relaciones más sanas son las más honestas. Y pueden no parecer tan ‘felices’ o ‘despreocupadas’ desde el exterior. Es posible que no se adapten a la imagen de cómo una relación ‘debería’ lucir o sentirse.

Aquí, dos personas dicen la verdad honesta y dolorosa de hoy, y continuamente dejan ir sus ideas preconcebidas acerca del otro. La relación se renueva siempre en el horno de la autenticidad. Puede haber rupturas, malentendidos, incluso fuertes sentimientos de duda y desconexión, ¡pero hay la disposición mutua para afrontar el aparente lío que surge! Hay la apertura para mirar – con ojos bien abiertos – la presente ruptura, y no huir o aferrarse al pasado. Para sentarse juntos en medio de todos esos sueños y expectativas desmoronándose, y para trabajar por encontrar un espacio de reconexión, aquí, ahora, hoy.

Aquí, la relación se ve como el máximo yoga – una aventura continua cada vez más profunda y un redescubrimiento mutuo, ¡un abandono constante y una reunión constante! El amor no es un destino futuro, una conclusión, un punto de llegada, o una historia conveniente que contar a los demás. El amor está vivo.

Como dice Eckhart Tolle, las relaciones no están aquí para hacernos felices, porque la verdadera felicidad está dentro. Están aquí para hacernos profundamente conscientes.

Para rompernos, para humillarnos, para hacernos enteros otra vez.
«Jeff Foster»

UN MARAVILLOSO CUENTO

Una mujer, que entraba en una tienda recién inaugurada en la plaza del mercado, para su sorpresa, descubrió que Dios se encontraba detrás del mostrador.
-¿Qué vendes aquí? -le preguntó.
-Todo lo que tu corazón desee -respondió Dios.
Sin atreverse casi a creer lo que esta oyendo, la mujer se decidió a pedir lo mejor que un ser humano podría desear.
-Deseo paz de espíritu, amor, felicidad, sabiduría y ausencia de todo temor. -dijo. Y luego tras un instante de vacilación añadio: -No sólo para mí, sino también para todo el mundo.
Dios se sonrió y enunció: -Creo que no me has comprendido, querida. Aquí no vendemos frutos. Únicamente vendemos semillas.

Todos llevamos las semillas de todo aquello que deseamos poseer, tanto para nosotros como para los demás. Algunas de estas semillas están ocultas, no la hacemos crecer por desconocimiento, por miedo, debido a nuestras frustraciones, a no dar la talla, porque no nos enseñaron a regar nuestro corazón, etc. etc.

Las semilla están para que florezcan y que salgan al exterior de nuestra vida, a que los demás puedan comer del fruto que produce nuestras fortalezas, nuestros valores, nuestras capacidades… En la misma medida que toda esa semilla realice su misión, empezarás a descubrir que tienes una gran misión en tu vida, empezando por tu familia, amigos, conocidos, etc.

Date cuenta…

¿Por qué has de ir con los ojos y la mente cerrados, dejando así de reconocer tu verdadera herencia?

Date cuenta de que no tienes que buscar fuera de ti para encontrar sabiduría, conocimiento y comprensión; todo está ahí, dentro de ti, esperando a ser manifestado. Cuando te des plena cuenta de eso, jamás volverás a tener la impresión de que un alma es más inteligente que otra.

Sabrás que a medida que las almas caigan en la cuenta de que lo tienen todo en lo profundo de su ser, serán capaces de hacerlo todo y de entenderlo todo; de hecho, todo un nuevo mundo se abrirá para ellas. Tú eres un mundo en ti mismo, un mundo que contiene toda la luz, todo el amor, toda la sabiduría y toda la comprensión, y todo ello aguardando a ser manifestado.

Deja, pues, de buscar eso fuera de ti. Toma tiempo para permanecer en quietud y encuéntralo en tu interior. Aprende a comprenderte, y cuando lo hagas, comenzarás a comprender a los demás, a comprender la vida, a comprenderme a Mí.

Extracto del Libro «La Voz Interior de Eileen Caddy»

Formas parte…

Formas parte de un Universo de posibilidades milagrosas que suceden a cada instante y se mueven a través del tiempo.

Eres una emanación en continua evolución de la mente de Dios, que es una fuente eterna de amor infinito, que nunca se queda sin ideas.

Tu mayor fuente de poder en este mundo es el conocimiento de que NO eres de este mundo. Vivimos mucho más cómodamente en este mundo cuando sabemos esto y pensamos así.

Estamos aquí para traer esa luz del conocimiento a todos los rincones oscurecidos que el Universo nos muestre. Al comprender esto, liberamos el potencial ilimitado dentro de nosotros para crear lo bueno, lo verdadero y lo bello.

YO SOY TU SÍNTOMA.

YO SOY TU SÍNTOMA.

Hola! Yo tengo muchos nombres: dolor de rodilla, grano, dolor de estómago, reumatismo, asma, mucosidad, gripe, dolor de espalda, ciática, cáncer, depresión, migraña, tos, gripe, dolor de garganta, insuficiencia renal, diabetes, hemorroides, y la lista sigue y sigue.

Me he ofrecido como voluntario para el peor trabajo posible: ser el portador de noticias poco gratas para ti.

Tú no me comprendes, nadie me comprende. Tú piensas que quiero fastidiarte, echar a perder tus planes de vida, todos piensan que quiero entorpecerles, hacerles daño o limitarles.
Y no, eso sería un un completo disparate.
Yo, el síntoma, simplemente intento hablarte en un lenguaje que comprendas. Que entiendas.

A ver, dime algo, ¿tú irías a negociar con terroristas, tocando a su puerta con una flor en la mano y una camiseta con el símbolo de «paz» impreso en la espalda? ¿No verdad?

Entonces, por qué no comprendes que yo, el síntoma, no puedo ser «sutil» y «suavecito» cuando debo darte el mensaje. Me golpeas, me odias, con todo el mundo te quejas de mi, de mi presencia en tu cuerpo, pero no te tomas ni un segundo en razonar y tratar de comprender el motivo de mi presencia en tu cuerpo.

Sólo te escucho decirme: «Cállate», «vete», «te odio», «maldita la hora en que apareciste», y mil frases que me hacen impotente para hacerte comprender. Pero yo debo mantenerme firme y constante, porque debo hacerte entender el mensaje.

¿Qué haces tú? Me mandas a dormir con medicinas. Me mandas callar con tranquilizantes, me suplicas desaparecer con antiinflamatorios, me quieres borrar con quimioterapias. Intentas días con día, taparme, sellarme, callarme. Y me sorprende ver que a veces, hasta prefieres consultar brujas y adivinos para que de forma «mágica» yo me vaya de tu cuerpo.

Y yo, cuando mi única intención es darte un mensaje, soy totalmente ignorado.

Imagínate que soy esa alarma con sirena en el Titanic, esa que intenta de mil formas decirte que de frente hay un Iceberg con el que vas chocar y hundirte. Sueno y sueno por horas, por días, por semanas, por meses, por años, intentando salvar tu vida, y tú te quejas porque no te dejo dormir, porque no te dejo caminar, porque no te dejo trabajar, pero sigues sin escucharme…

¿Vas comprendiendo??

Para ti, yo el síntoma, soy «La Enfermedad».
Qué cosa más absurda. No confundas las cosas.
Y vas al médico, y pagas por docenas de consultas médicas.
Gastas dinero que no tienes en medicamento tras medicamento. Y sólo para callarme.
Yo no soy la enfermedad, soy el síntoma. ¿Por qué me callas, cuando soy la única alarma que está intentando salvarte?

La enfermedad, «eres tú», «es tu estilo de vida», «son tus emociones contenidas», eso sí es la enfermedad. Y ningún médico aquí en el planeta tierra, sabe cómo combatir enfermedades.
Lo único que hacen es combatirme, combatir el síntoma. Callarme, silenciarme, desaparecerme. Ponerme un maquillaje invisible para que tú no me veas.

Y sí, está bien si ahora que lees esto, te sientes un poco molesto sí.
Esto debe ser algo como un «golpazo a tu inteligencia». Está bien si por ahora te sientes un poco molesto o frustrado. Pero yo puedo manejar tus procesos bastante bien y los entiendo.
De hecho, es parte de mi trabajo, no te preocupes.
La buena noticia es que depende de ti no necesitarme más.
Depende totalmente de ti, analizar lo que trato de decirte, lo que trato de prevenir.

Cuando yo, «el síntoma», aparezco en tu vida, no es para saludarte, no.
Es para avisarte que una emoción que contuviste dentro de tu cuerpo, debe ser analizada y resuelta para no enfermarte.
Deberías darte la oportunidad de preguntarte a ti mismo: «por qué apareció este síntoma en mi vida», «qué querrá decirme» ?
¿Por qué está apareciendo este síntoma ahora?
¿Qué debo cambiar en mí para ya no necesitar de este síntoma?

Si dejas este trabajo de investigación, sólo a tu mente, la respuesta no te llevará más allá de lo que has hecho años atrás.
Debes consultar también con tu inconsciente, con tu corazón, con tus emociones.

Por favor, cuando yo apareza en tu cuerpo, antes de correr al doctor para que me duerma, analiza lo que trato de decirte, de verdad que por una vez en la vida, me gustaría ser reconocido por mi trabajo, por mi excelente trabajo.
Y entre más rápido hagas conciencia del por qué de mi aparición en tu cuerpo, más rápido me iré.

Poco a poco descubrirás, que entre mejor investigador seas, menos veces vendré a visitarte. Y te aseguro que llegará el día en que no me vuelvas a ver ni a sentir.
Al mismo tiempo que logres ese equilibrio y perfección como «analizador» de tu vida, tus emociones, tus reacciones, tu coherencia, te garantizo que jamás volverás a consultar a un médico ni a comprar medicinas.

Por favor, déjame sin trabajo.
O piensas de verdad que yo disfruto lo que hago?
Te invito a que reflexiones, cada que me veas aparecer, el motivo de mi visita.
Te invito, a que dejes de presumirme con tus amigos y familia como si yo fuera un trofeo.
Estoy harto de que digas:
«Ay pues yo sigo con mi diabetes, ya ves que soy diabético».
«Ay pues ya no aguanto el dolor en mis rodillas, ya no puedo caminar».
«Siempre yo con mi migrañas».
Me presumes como si yo fuera un tesoro del cual no piensas desprenderte jamás.

Mi trabajo es vergonzoso. Y te debería dar vergüenza presumirme ante los demás. Cada que me presumes, realmente estás diciendo: «Miren que débil soy, no soy capaz de analizar ni comprender mi propio cuerpo y mis propias emociones, no vivo en coherencia, mírenme, mírenme! «

Por favor, haz conciencia, reflexiona y actúa.
Entre más pronto lo hagas, más rápido me iré de tu vida!

Atte. El síntoma

CARTA DE DISCULPA A UN@ MISM@

CARTA DE DISCULPA A UN@ MISM@

Perdóname por las veces que te he abandonado.

Perdóname por las veces que he creído que el amor que te puede dar el sexo opuesto puede suplir el amor que yo no te doy.
Perdóname por las muchas veces que me he
comportado como una persona inmadura, mimada.

Perdóname por las veces que no he cuidado tu cuerpo, por cuidar poco tu salud.

Perdóname por las veces que no he sido fiel a mis principios, a mi filosofía, a mi forma de pensar.

Perdóname por las veces que he perdido el tiempo cuando mi deber era hacer otra cosa.
Perdóname por las veces que me he abandonado a sentimientos cavernícolas, e inhibidores de pensamiento en los momentos difíciles; cuando lo que debería haber hecho es alzar la cabeza y luchar.

Perdóname por las veces que te he creído superior a los demás y discúlpame por las veces que he pensado todo lo contrario.

Perdóname por haber desaprovechado mis
capacidades.

Perdóname por hacerte buscar en los demás el apego que solo yo te puedo dar.

Perdóname por las veces que he disfrutado
revolcándome en la tristeza y en la melancolía en lugar de ponerme en pie y seguir hacia delante.

Perdóname por todos los planes que he cancelado que te podrían haber hecho una persona todavía más increíble de lo que ya eres.

Perdóname por no haberte dicho nunca “Te Quiero”.

Perdóname por todas las veces que he antepuesto exageradamente los deseos de los demás a los tuyos propios.

Perdóname por las veces que he perdido tiempo en cosas inútiles y anti-productivas para tu crecimiento como persona.

Perdóname por todas las veces que el miedo me ha dominado y no te he permitido hacer lo correcto.

Perdóname por no haber tenido una relación más cercana con mi familia por ser su amor incondicional.

Perdóname por hacerte creer que todo depende de ti en las relaciones con otras personas, cosa que obviamente te ha generado frustración.

Y, a partir de ahora, perdóname porque volveré a hacer todas estas cosas.

PERO NO SE TE OCURRA PERDONARME si después de caer en cualquiera de estos fallos no me arrepiento, alzo la cabeza y sigo caminando.

ANÓNIMO

10 consejos

10 consejos que recibimos antes de venir al planeta

Antes de encarnar, nos dan 10 consejos para poder estar preparado para la próxima vida, estos fragmentos, extraídos de un libro sagrado budista, hace alusión a 10 cosas que nos dicen antes de venir a este planeta:

1. Recibirás un cuerpo, puede gustarte o no, pero aunque no te guste, será tuyo todo el tiempo que estés en la Tierra, aprende a aceptarlo sea cual sea tu opinión sobre él.

2. Aprenderás lecciones, estarás inscrito de manera permanente a la escuela de la vida, por lo que cada día tendrás la oportunidad de aprender valiosas lecciones. Puedes amar esas lecciones o puedes en cambio considerarlas estúpidas e irrelevantes…

3. Nunca habrá errores, sólo y únicamente lecciones. El crecimiento es un proceso de ensayo y en el que tenemos que experimentar el error muchas veces.

4. Los experimentos o experiencias fallidas son parte del proceso, así como las experiencias que nos instan a trabajar…

5. La lección se repetirá hasta que se aprenda, se presentará en diversas formas, y cuando la hayas aprendido te moverás hacia la siguiente.

6. Las lecciones de aprendizaje es una tarea sin fin. No hay ninguna parte de la vida que no contenga lecciones. Si estás vivo, hay lecciones que deben ser aprendidas y enseñadas.

7. Siempre desearás estar mejor en otro lado, más que en el que estás, pero no encontrarás bienestar hasta que entiendas que el aquí es el único lugar.Los otros son simplemente espejos de ti.

8. No puedes amar u odiar algo de otra persona a menos que refleje algo que amas u odias en ti mismo.Lo que haces de tu vida es tu problema.

9. Tiene todas las herramientas y recursos que necesita. Qué hacer con ellos no es asunto de nadie. La elección es suya.Las respuestas a las preguntas de la vida están en tu interior. Sólo tienes que mirar, escuchar y confiar.

10. Usted se olvidará de todo esto cuando llegue allí al planeta… y sin embargo será fácil de recordar si conectas contigo mismo a través de la sabiduría celestial.

Dispuesto!!!

Cuando estamos dispuestos a arriesgarnos a no encajar con la sociedad, o arriesgarnos a ser heridos o rechazados, nos ponemos en contacto con nuestra propia autoridad para conocerla a través de esta experiencia directa. Nadie más puede decirte cómo es para ti.

La verdad es que estás solo con respecto a lo que es real para ti, y tu experiencia nunca puede encajar con lo que otras personas dicen o piensan. Reconocer esto nos libera de tratar de encajar. Entonces somos libres para vivir, expresarnos y sentir lo que es verdadero, no importa lo que eso signifique o lo que los demás puedan pensar.

Eso nos trae una sensibilidad más profunda hacia nuestros propios sentimientos pero también hacia los de aquellos que nos rodean. Esto conlleva un conocimiento innato de la Unidad de todos los seres más allá de los límites de nuestras creencias.

«Unmani»