Un dia…

Un día, después de varios aniversarios y bastante familiaridad, decidiste divorciarte del Ego.

Como pasa en cualquier separación, sentiste mucho miedo. Incluso si se trató de un matrimonio infeliz o abusivo porque la verdad es que habías estado, hasta cierto punto, cómodo con todo ello.  Ese había sido tu único punto de referencia.

Pero un buen día sentiste que ya había sido suficiente. Declaraste: ‘este matrimonio se ha terminado.’ E iniciaste el trámite.

Como pasa con cualquier ex, aún sigues interesándote en todos sus movimientos. Cada vez que te llama, respondes. Te sigues involucrando. Dudas de tu decisión de separarte. Sientes tirones ilusorios de lealtad. Vacilas. Pero la gracia está de tu lado y tu decisión prevalece. Poco a poco, con el tiempo, te haces consciente de que su atracción ya no es tan fuerte. El interés va disminuyendo. Su agarre se va relajando.

Además, hay un nuevo Amor en tu vida. El Ser. Cada vez te absorbes más en él. Te vas enamorando con más y más profundidad. Es sumamente amable y nutricio. Reconoces que nunca antes habías sido amado de esta manera. Simplemente te deja ser tal y como eres. ¡Te repite una y otra vez lo completo y perfecto que eres!

Un día, cuando el Ego te llama, observas la luz que parpadea en tu teléfono y ni siquiera te molestas en contestar. Sonríes ante el recuerdo lejano en el que todo ello se ha convertido, y se te escapa una pequeña risita al preguntarte: ¡¿cómo fue que algún día quedé atrapado en ‘esa historia’?! Te sientes agradecido de que todo haya terminado, de una vez por todas, a medida que te acurrucas en los brazos de éste, tu Amor definitivo, a quien sabes que nunca dejarás ir.

Estás en Casa.

«Mooji»

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