El sufrimiento…

Lo extraño acerca del sufrimiento es que al admitirlo, uno llega a la paz subyacente que sobrepasa todo entendimiento.

Algunas personas parecen sugerir que cuando uno ve Quién es realmente, el sufrimiento desaparece.

Por el contrario. En cierto modo, sucede exactamente lo opuesto a eso.

Admitimos absolutamente todo.

Admitimos el dolor de la creación, no sólo el sufrimiento humano, sino toda la trágica historia del mundo y el sufrimiento de otras criaturas – no porque seamos santos o buenas personas. No tenemos otra opción. Esa es la forma en que estamos hechos, y ese es el camino.

No estoy diciendo -cuidado- que una vida vivida conscientemente desde su verdadero Centro será segura o estará libre de dolor, que vaya a ser fácil o permanentemente alegre.

La verdadera aventura está hecha de intensidad. Uno abraza el sufrimiento del mundo no en menor medida que su esplendor y emoción.

La verdadera alegría, la alegría que no deja sombra y no conoce variación, ha llegado a través del fuego.

Podríamos decir que el remedio para el sufrimiento es homeopático.

«Douglas Harding»

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