El ADN podríamos definirlo, como la manifestación de la información que somos, está conformado por 12 capas de profundidad o hélices.

Las posibilidades del cuerpo de Luz en el espacio cuántico crecen de forma exponencial con cada hélice activada, tanto de forma natural por consciencia como de forma manual por secuencia numérica de ordenamiento, siendo esta última solamente posible si la estructura energética del Avatar lo permite, de ahí la importancia del crecimiento en consciencia de los diferentes cuerpos de luz que conforman cada humano.

Cada capa o hélice activada responde a un proceso de iluminación interno, ayuda en la transmutación de procesos basados en la densidad (…). Todo cuanto nos ha servido para llegar a nuestro estado actual ya no corresponde al presente (…), al disponer de esta luz tras la activación de esa capa o hélice, de ese faro/guía en nuestro interior, el proceso se agiliza y por tanto, disipa patrones obsoletos que ya no resuenan con nuestra vibración actual.

Esas 12 capas o hélices están conformadas en 4 grupos que contienen toda nuestra información evolutiva, un primer grupo (hélices 1, 2 y 3) enfocado en la Materia, en esta Dualidad donde vivimos; un segundo grupo (hélices 4, 5 y 6) que contiene la información de nuestra parte Espiritual, nuestra consciencia; un tercer grupo (hélices 7, 8 y 9) donde se manifiesta nuestra parte Cuántica, los llamados «milagros»; y un cuarto grupo (hélices 10, 11 y 12) donde reside nuestra divinidad, la conexión con la Fuente Original.

La activación/manifestación de estas capas o hélices aquí en la dualidad es un proceso secuencial y basado en la ascensión en consciencia de nuestros cuerpos, partimos desde las 2 primeras capas ya activadas al nacer, la 1ª habla de nuestra biología como seres vivos, la 2ª de nuestras emociones y también incluye el miedo, la 3ª capa nos habla de que la persona ya controla y gestiona sus emociones desde la esencia del Ser, no se siente desbordado por ellas.