CUANDO LA VIDA TE SACUDE

CUANDO LA VIDA TE SACUDE
Vas caminando con tu taza de café… y de repente alguien pasa… te empuja y hace que se te derrame el café por todas partes -¿Por qué se te derramó el café?
-Porque alguien me empujó •Respuesta
equivocada
Derramaste el café porque tenías café en la taza.
Si hubiera sido te…hubieras derramado te.
Lo que tengas en la taza… es lo que se va a derramar.
Por lo tanto… cuando la vida te sacude (qué seguro pasará) lo que sea que tengas dentro de t¡…vas a derramar.
Puedes ir por la vida fingiendo que tu taza está llena de virtudes… pero cuando la vida te empuje vas a derramar lo que en realidad tengas en tu interior.
Eventualmente sale la verdad a la luz.
Asi que habrá que preguntarse a uno mismo. ¿Que hay en mi taza?
Cuando la vida se ponga difícil… ¿qué voy a derramar?
¿Alegría… agradecimiento… paz… bondad… humildad?
¿O bronca… amargura…palabras o reacciones duras?
¡Tú eliges!
Ahora… trabaja en llenar tu taza con gratitud… perdón… alegría… palabras positivas y amables… generosidad… y amor para los demás.
De lo que esté llena tu taza…tu eres el responsable.
Y mira que la vida sacude… sacude mas veces de las que puedes imaginar…

«Ankor»

Honestidad

Tus hijos tienen derecho a la verdad

Tus hijos no necesitan que sus padres o madres estén juntos. Lo que necesitan es aprender que lo importante no es mantener algo que no existe. Lo importante es vivir con la verdad.

Tus hijos no necesitan que sus padres o madres estén juntos.

Necesitan que estén en el lugar en el que deseen estar.

Y a veces ese lugar es separados.

Porque tus hijos no son estúpidos.

Lo notan todo.

Saben que no os tocáis, no os miráis, no nada.

Sienten que estáis por compromiso.

Tus hijos no se merecen unos padres que mientan.

Que se vayan marchitando por el bien de la familia.

Porque el único bien para una familia es la felicidad de sus integrantes.

Y se puede ser familia sin que tus padres estén enamorados entre ellos.

Sin que convivan o mantengan una relación amorosa.

Se puede y se debe cuando no lo están.

Porque a eso se le llama honestidad.

Tus hijos tienen derecho a la verdad.

No puedes estafarles vitalmente de esa manera.

No puedes engañarles.

Tampoco puedes engañarte tú.

Porque esta es la única vida que tienes para vivirla.

Y si la relación se acabó hay que decirlo y seguir.

Porque es lo único que se puede hacer.

Lo otro es construir encima de un cementerio.

Es falsear las cuentas.

Es maquillar un muerto.

Es lo contrario a la familia.

Porque la familia ha de ser un espacio y un tiempo para la libertad.

Un sitio en el que tú puedes ser tú.

Y cuando ese tú ya no quiere a otra persona u otra persona ya no quiere a ese tú.

Eso hay que respetarlo.

Y si se forman nuevos vínculos lejos de la familia original.

Eso hay que respetarlo.

Porque la familia es un sitio en el que has de estar seguro para realizarte.

Para no tener miedo a que te dejen de querer porque las cosas no sean de la manera que necesitamos que sean.

Tus hijos no necesitan que sus padres o madres estén juntos.

Lo que necesitan es aprender que lo importante no es mantener algo que no existe.

Lo importante es vivir con la verdad.

Anudada al corazón.

«Roy Galán»

Aceptar…

“Aceptar nuestra experiencia tal como es” significa precisamente eso; aceptar nuestra experiencia en el momento.

Si nos sentimos frustrados, enojados o indignados, aceptamos ese sentimiento.

No nos resistimos a él, ni deseamos que no estuviera ahí; sino que le damos la bienvenida, nos interesamos en cómo sentirlo.

«Peter Russell»

Hermano…

Hermano, sí, me refiero a ti, al que han llenado la cabeza y el corazón con su ponzoña y su odio. Sí, a ti, no al resto de buenos musulmanes que quieren la paz entre seres humanos con independencia de su religión. ¿Por qué?. Sí, así de simple, busca en tu interior. Escarba. Cómo has llegado a esta situación? Estás a punto de morir matando. Seres como tú, que solo buscan la felicidad. Que luchan día a día por un mundo mejor.

Lo entiendo, vienes de muy lejos, o ni siquiera, has nacido aquí pero sientes lo que haya pasado como tuyo. Has visto injusticias, masacres, malas decisiones de la mierda de gente que nos gobierna. Pero piensa coño, sí, piensa! Te lo pido por favor. ¿Cuánta gente inocente tiene que seguir sufriendo?

Que no te engañen. ¿Cómo puedes pensar que un Dios que te ha creado quiere tu muerte y la de los demás inocentes? ¿Cómo pensar que te va a premiar por ello? ¿Acaso no lo ves? Se están aprovechando de ti. Quieren tu muerte y sacrificio para completar sus objetivos. No son ellos los que mueren, ¿a que no? ¿Te crees que son tan imbeciles que quieren el premio y la gloria para ti?

Recapacita. Sal de ahí, un mundo mejor es posible y ese mundo empieza en ti…

La experiencia

LA EXPERIENCIA

Mulla Nasrudin se cayó de una escalera y se hizo mucho daño.
A pesar de los emplastos y de las pociones, el dolor le hacía sufrir terriblemente. Sus amigos fueron a consolarle:
– ¡Hubiera podido ser mucho peor!, dijo uno.
— Después de todo, no te has roto nada, dijo otro.
• Pronto te repondrás, dijo un tercero.
En el colmo del dolor, Nasrudin se puso a pegar alaridos: ¡Salid todos de aquí!, ¡abandonad esta habitación en el acto! ¡madre, no dejes entrar a nadie, a menos que se haya caído alguna vez de una escalera!
Si no has sufrido nunca, ¿cómo puedes ponerte en lugar de aquellos que sufren? Es la experiencia la que vale, la teoría, no la puede sustituir.

Los hijos…

«A menudo los hijos se nos parecen y así nos dan la primera satisfacción”. Esto nos decía el cantante catalán Juan Manuel Serrat, con ese tono de voz tembloroso, que parece estar entrando en agua fría, en una bellísima canción sobre los hijos niños.

Es cierto que buscamos en nuestra prole el reflejo de lo que fuimos, pero más aún de lo que no fuimos. Queremos, a veces, proyectar nuestras frustraciones sobre ellos como pretendiendo redimirlos de un pasado propio que a ellos no les afecta. Esto podía tener sentido en generaciones pasadas que habían conocido muy de cerca la ingratitud de la miseria, pero en nuestros días quizás estemos tratando de prevenirlos más de nuestras propias obsesiones personales que de cualquier otro mal que les pueda acechar.

Hemos llegado a un punto tal en el que la sobreprotección y el entreguismo hacia las descendencias tiene más que ver con la exculpación del remordimiento propio ante el mundo que les entregamos que con la educación en sí misma. Traemos y llevamos a nuestros hijos, les bañamos y cuidamos, les guisamos y servimos la comida; les criamos en definitiva con la premisa de que ellos no pueden ni deben valerse por sí mismos en las cosas más rutinarias.

La contrición por parecer malos padres nos esclaviza y termina por convertirlos en verdaderos inútiles. No caeré en el vicio onánico de la nostalgia, pero retraerse a nuestra infancia y compararla con la de nuestros hijos es un ejercicio demoledor. Que levante la mano aquel que tenga más de 40 años y su padre lo bañara y vistiera con, qué digo diez, con 5 años. Podría decirse que entonces los roles estaban más segmentados y eran las madres quienes se ocupaban del mester de crianza, pero ni aun así se soporta la comparación con la actualidad.

Limpiamos el culo a mocitos que son capaces de conectarse a internet y participar con una destreza inaudita en los más complicados videojuegos. Le servimos el desayuno a niños que mantienen y actualizan redes sociales desde sus teléfonos inteligentes. Bigardos con pelos en las piernas que no saben poner una lavadora, activar un tostador de pan, calentarse el cola-cao en el microondas o cualquier faena doméstica nimia pero que pueden editar un autorretrato hecho con la cámara digital del teléfono con la habilidad del mejor retratista profesional.

No recuerdo tal grado de servilismo en casa habiendo tenido la mejor de las infancias posibles. Plantear hoy en día que un niño se asee solo y se haga la cama o incluso sepa preparar algo de comer raya en el maltrato infantil según que mentes paternales lo juzguen. Recuerdo aquellos largos veranos trimestrales con un par de bañadores heredados y alguna camiseta, de duchas con manguera para quitarnos la arena y talegas de pan donde buscar la merienda.

De entrar y salir sin tantas prevenciones y, sobre todo, del concepto de obligación. Hoy en día se ha llegado a la loable revolución casera del reparto de funciones entre los cónyuges, pero eximiendo de ello a los niños. Basta con visitar otros países menos “avanzados” para ver que los hermanos mayores cuidan de sus pequeños, que ayudar en casa no es sinónimo de esclavitud ni de pobreza sino un aprendizaje y que se puede ser crío sin ser un inútil en lo cotidiano.

Porque al final nos queda el vacío, tanto de padres que no saben qué hacer con sus vidas más allá de la mayordomía del niño, como de hijos que sufren la frustración de enfrentarse a un mundo para el que no han sido preparados. Entonces surge la figura del estado, del político que ejerce subliminalmente la custodia del inútil y les promete una seguridad como aquella que tenían en casa, gratis, cómoda y sin complicaciones. Y así nos va en este sistema político que es la “idiocracia” -democracia de los idiotas- donde nacemos y nos educan para el disfrute, primero en pos de una sonrisa de felicidad y después a cambio de un voto bien remunerado con el que arropar nuestra propia inutilidad.

Gracias T.V.

Ser alguien

«Todos quieren ser algo, ser alguien»…
Cuando tú eres algo, necesitas mantenerlo.

Una vez una señora me dijo:
«Mooji, cada vez que hablo contigo me siento tan bien, pues eres tan amable»…

Cada vez que tuviera que hablar con esa señora, tendría que ser amable, ser algo, y esto es mucha presión. No tengo que mantener esto sólo para aceptar este halago, no siempre soy amable. Si aceptas ese halago, siempre tienes que ser algo.

Ser algo o alguien es demasiada presión.
Aquél que quiere ser nada, a ellos el mundo los llama sabios.

«Mooji»

Un ser querido…

Cuando un ser querido muera, no te preocupes. Llora, gime, grita, sí, honra su memoria, pero no te preocupes. No se ha ido a ningún lado, estrictamente hablando. Simplemente se ha despojado de una ubicación y un tiempo. Simplemente ya no puedes fijarlo de alguna manera y afirmar que “está ahí,” ya no eres capaz de encontrarlo en su materialidad, ni buscarlo en tu mundo personal. Y te das cuenta que en primer lugar, nunca estuvo limitado a su cuerpo. Sus brazos, sus piernas, su cerebro, sus dedos, su sangre, sus riñones – esas no eran las cosas que lo definían. Amabas lo físico, sí, estabas identificado con ello, esperabas que continuara siendo así, pero esa no era la totalidad de tu amor.

Ahora estás siendo invitado a recordar un amor más profundo, un amor universal, un amor que no está identificado con la forma, un amor que no conoce límites. Un amor que no huye hacia el pasado y el futuro, sino que se mantiene muy presente mientras vives tus días. Un amor que no depende de las palabras ni de los lugares, que te sigue a donde quiera que vayas, que es inseparable de tu propia presencia, que te susurra al oído por la noche… “ESTOY AQUÍ”.

No busques a tu ser querido en el tiempo o el espacio, amigo, no trates de alcanzarlo para darte cuenta de que está ausente. Está más cerca que todo eso. Te tomará un tiempo readaptarte a su falta de forma, por supuesto. Serás llamado a soltar los sueños, sí, y habrá mucho dolor por sentir, mucha aflicción que explorar con valentía y voluntad. ¡Prepárate para abrirte al amor! ¡Pero, oh, la alegría de descubrir a tu ser querido justo donde lo dejaste! ¡Y la emoción de una relación estallando en el infinito!

¡Recuerda que ese ser querido no puede dejarte! ¡Sabe que nunca lo hará!

¡Porque está en tu presencia, y tú en la suya!

«Jeff Foster»

Hoy es…

Hoy no es Día de Decisiones.
Hoy es un Día para la Curiosidad.
Hoy es un día para mantenerte cerca del momento, respirando, sintiendo todas las sensaciones en tu cuerpo, observando cómo da vueltas la mente tratando de tener el control, tratando de adivinar el futuro.

Detente. Respira.
Sal de la historia de “Tengo que elegir algo en este momento”.
Suelta toda esa presión absurda.

Haz desaparecer el tiempo.

No califiques esta ‘indecisión’.

Tu estrés es tu intento de adelantar este momento, esta presente escena en la película de tu vida (de ‘incertidumbre’) hacia una futura escena de certeza, descanso y respuestas.

¿La invitación? Encuentra descanso justo donde estás.
Sé aquí.

Pon atención a la presente escena, a este momento lleno de vida.
Haz amistad con la incertidumbre, con el no-saber, con el asombro.
Permite que todas las imágenes, pensamientos, recuerdos, obsesiones, voces en la mente surjan, pervivan un rato, y desaparezcan cuando estén listas para irse. Sabe que no son lo que tú eres. Sabe que no es la mente la que te llevará hasta las respuestas reales.

En determinado momento, simplemente sabrás qué hacer.
O te verás a ti mismo haciéndolo, sin ningún esfuerzo.
En determinado momento, tal vez hoy, tal vez mañana, tal vez la siguiente semana, la confusión desaparecerá y la acción tomará su lugar. Siempre ha sido así. Siempre lo será. La ilusión más grande de todas es que tú tienes el control.

Confía en el camino que te conduce hacia las decisiones. No luches con el momento.

No puedes comprender lo que será ‘allá’ desde aquí.

A veces, las verdaderas respuestas surgen
cuando a nuestras preguntas les damos espacio para respirar.
«Jeff Foster»