Sabiduria…

SABIDURIA

Es el espíritu del estoicismo: aceptar lo que no depende de nosotros; hacer lo que depende de nosotros.

Es el espíritu del espinozismo: conocer, comprender, actuar.

Es también, el espíritu de los sabios orientales, por ejemplo Prajnanpad: “Ver y aceptar lo que es, e inmediatamente, si es necesario, intentar cambiarlo”.

El sabio es un hombre de acción, mientras que normalmente nosotros sólo sabemos esperar y temblar.

El sabio afronta lo que es, mientras que normalmente nosotros sólo sabemos esperar lo que todavía no es, y echar en falta lo que no es o lo que ya no es.

Otra vez Prajnanpad: “Lo que acabó es ya pasado, no existe ahora. Lo que ha de llegar es futuro, no existe ahora. Entonces, ¿qué existe? Lo que es aquí y ahora. Nada más… Permaneced en el presente: ¡actuad, actuad, actuad!”.

Esto es vivir la vida, en vez de esperar vivirla. Y salvarse, en la medida en que seamos capaces de hacerla, en lugar de esperar la salvación.

Comte-Sponville

Los amigos…

LOS AMIGOS SON DE MUCHOS TIPOS.

Están los amigos que se parecen tremendamente a las gallinas. Solo se acercan a uno cuando tiene comida, o lo que es lo mismo cuando puedes darle algo a cambio.

Están los amigos que se parecen a las maletas. Tienen miles de cosas dentro pero hasta el momento en que logras abrirlos no consigues nada.

Están los amigos que se parecen a las buenas obras de arte. De lejos puedes menospreciarlas o alabarlas, pero realmente hasta que no te pones delante de ellas no te das cuenta de lo que realmente son.

Están los amigos que se parecen a las guitarras. Mientras las tocas sus notas están contigo y te llenan por dentro, pero en el momento en que dejas de tocarlas no son capaces de hacer nada por tí.

Están los amigos que se parecen a las almohadas. Solo acudes a ellos para contarles los problemas y en el momento que te levantas te olvidas de ellos.

Están los amigos que se parecen a los hermanos. Son aquellos que sabes que siempre están ahí a tu lado, y que no hay un solo día que no piensen en tí.

Están los amigos que se parecen a un cofre del tesoro. Si no sabes administrarlos bien, acabas perdiéndolos.

Están los amigos que se parecen a las estrellas… De estos ya lo sabéis todo…

Sobre una leyenda…

Sobre una Leyenda Oriental

Estaban reunidos en un ejercicio de Contemplación el Maestro y su discípulo, y en un momento dado le pregunta éste a aquel:

«Maestro, ¿por qué no todo el mundo siente la llamada?

No lo se ciertamente… pero lo que sí se es que a quién le toque menuda vida de miseria le espera»

El despertar

El despertar no es ni un campo de fuerza, ni una panacea; es un compromiso total con la vida.

En el despertar no hay más un esconderse de si mismo (de la vida en toda su plenitud) o permanecer como un yo finito. Se trata más bien de un despliegue completamente crudo y abierto, una aventura no lineal emprendida por nadie. Es un definitivo dejar ir que no es ni pasividad ni sumisión.

El despertar es un verbo, y significa abrirse cada vez más al desgarrador amor incondicional que imbuye cada manifestación de uno mismo. Es vivir sin censura.

«Nic Higham»

El camino…

El camino que hay detrás de ti, es ahora ya, una ilusión. Te molesta en la medida que lo niegas. Cuando miras a tus experiencias anteriores y dices: “Gracias. Habéis sido tan necesarias cómo perfectas para mi”. Te visita la paz.

El camino que hay delante de ti, es ahora ya, una proyección. Te preocupa en la medida que lo ensalzas. Cuando miras a tus experiencias posteriores y dices: “Gracias. Seréis tan necesarias cómo perfectas para mi”. Te vista la fuerza.

El camino que hay frente a ti, es ahora ya, una bendición. Te libera en la medida que lo vives. Cuando miras a tus experiencias actuales y dices: “Gracias. Sois tan necesarias cómo perfectas para mi”. Te visita el amor.

Todos estamos solos…

Todos estamos solos.
Esto no es deprimente cuando te das cuenta que esa es la verdad.

Nacemos solos, morimos solos.
A través del camino, quizás nos encontramos.
Amigos, amantes, extraños.
Esposos, esposas, hijos, hijas.

Los roles nos pueden tanto separar como acercar.
Anhelamos la conexión, sin embargo, le tememos a la intimidad.
Buscamos contacto, pero queremos sentirnos a salvo.
Alejamos a los demás cuando tratamos de aferrarnos a ellos.
Ocultamos nuestra verdad por miedo a la pérdida.
Sin embargo, nos perdemos los unos a los otros al escondernos.

Buscamos un suelo firme, sin embargo, sabemos que nada permanece fijo.
Planeamos futuros, sin embargo, sabemos que son meras fantasías.
Deseamos ser libres, sin embargo, huimos ante el terror que le tenemos a nuestra libertad, buscando alivio y respuestas.

Nuestro alivio, pronto se torna en aburrimiento.
Nuestro aburrimiento, en resentimiento.

Sufrimos hasta que aprendemos a amarnos a nosotros mismos tal y como somos.
Buscamos amor hasta que lo conocemos en el silencio.

Y dejamos que las preguntas se consuman.
Y sacrificamos los mañanas por ahoras.

«Jeff Foster»

Evolución

La Amabilidad para con esas personas que, desde su nivel de consciencia, aún no comprenden, es imprescindible.

No interpretes que esas personas son malvadas o incapaces…

Es sólo que su Amor y Capacidades no han despertado aún.

Recuerda tu pasado o proyecta a un posible futuro.

Tu también pasaste o pasarás por ese trance Vital…

Nadie está exento de pruebas o circunstancias, y todas ellas influyen en mayor o menor grado.

La Velocidad evolutiva de cada Alma es Sagrada. Querer acelerar o ralentizar un proceso evolutivo ajeno es una acción egoísta muy preocupante.

Temes al Viento por no poder manejarlo o lo respetas por ser una fuerza vital inquebrantable…?

Oskar Ugarte

Ama…

Ama hasta que tu voz se conmueva, y tu corazón se estremezca y tus piernas tiemblen, y tus filosofías se conviertan en polvo, y hasta que tu inteligencia incline su cabeza con vergüenza y reverencia.

Y serás llevado hasta los lugares más oscuros, y tu corazón será encendido en llamas por aquellos a quienes nunca fuiste capaz de abrir tu corazón, y serás recordado de lo que siempre, en secreto, supiste:

Que con el tiempo, olvidarás todo, excepto cómo morir, y cómo amar.

«Jeff Foster»

Nos os metais en mi vida…

Papá, Mama, no os metáis en mi vida!!!.

Recordaba una ocasión en que escuché a un joven gritarle a su Padre:

¡No te metas en mi vida!

Su padre entonces le dijo:

¡Un momento, no soy yo el que me meto en tu vida, tú te has metido en la mía!

Hace muchos años, gracias a Dios, y por el amor que mamá y yo nos tenemos, llegaste a nuestras vidas, ocupaste todo nuestro tiempo, aún antes de nacer.

Mamá se sentía mal, no podía comer, todo lo que comía lo devolvía, y tenía que guardar reposo.

Yo tuve que repartirme entre las tareas de mi trabajo y las de la casa para ayudarla.

Los últimos meses del embarazo, antes de que llegaras a casa, mamá no dormía y no me dejaba dormir.

Los gastos aumentaron increíblemente, tanto que gran parte de lo nuestro se gastaba en ti, en un buen médico que atendiera a mamá y la ayudara a llevar un embarazo saludable, en medicamentos, en la maternidad, en comprarte todo un guardarropa; mamá no veía algo de bebé que no lo quisiera para ti, un vestido, un moisés… todo lo que se pudiera, con tal de que tú estuvieras bien y tuvieras lo mejor posible.

¿Que no me meta en tu vida? Llegó el día en que naciste: hay que comprar algo para darles de recuerdo a los que vengan a conocerte (dijo Mamá), hay que adaptar un cuarto para el bebé.

Desde la primera noche no dormimos. Cada tres horas como si fueras una alarma de reloj nos despertabas para que te diéramos de comer. En ocasiones te sentías mal y llorabas y llorabas, sin que nosotros supiéramos que hacer, pues no sabíamos qué te sucedía y hasta llorábamos contigo.

¿Qué no me meta en tu vida? Empezaste a caminar; yo no sé cuándo he tenido que estar más detrás de “ti”, si cuando empezaste a caminar o cuando creíste que ya sabías.

Ya no podía sentarme tranquilo a leer el periódico o a ver una película, o el partido de mi equipo favorito, porque para cuando me acordaba, te perdías de mi vista y tenía que salir tras de ti para evitar que te ocurriese algo.

¿Qué no me meta en tu vida? Todavía recuerdo el primer día de clases, cuando tuve que llamar al trabajo y decir que no podría ir, ya que tú en la puerta del colegio no querías soltarme y entrar, llorabas y me pedías que no me fuera, tuve que entrar contigo a la escuela y pedirle a la maestra que me dejara estar a tu lado un rato ese día en clase, para que fueras tomando confianza.

A las pocas semanas no sólo ya no me pedías que no me fuera, hasta te olvidabas de despedirte cuando bajabas del coche corriendo para encontrarte con tus amigos.

¿Qué no me meta en tu vida? Seguiste creciendo, ya no querías que te lleváramos a tus reuniones, nos pedías que una calle antes te dejáramos y que pasáramos por ti una calle después, porque ya eras “grande”, “independiente”…

No querías llegar temprano a casa, te enfadabas si te marcábamos reglas, no podíamos hacer comentarios acerca de tus amigos sin que te volvieras contra nosotros, como si los conocieras a ellos de toda la vida y nosotros fuéramos unos perfectos “desconocidos” para ti.

¿Qué no me meta en tu vida? Cada vez sé menos de ti por ti mismo, sé más por lo que oigo de los demás; ya casi no quieres hablar conmigo, dices que siempre te estoy regañando, y todo lo que yo hago está mal o es razón para que te burles de mí, pregunto: ¿con esos defectos te he podido dar lo que hasta ahora tienes?.

Mamá siempre está en vela y no me deja dormir a mí diciéndome que no has llegado y que es de madrugada, que tu movil está desconectado, que ya son las 3:00 y no llegas; hasta que por fin podemos dormir cuando acabas de llegar.

¿Qué no me meta en tu vida? Ya casi no hablamos, no me cuentas tus cosas, te aburre hablar con “viejos” que no entienden el mundo de hoy. Ahora sólo me buscas cuando hay que pagar algo o necesitas dinero para la universidad, o para salir; o peor aún, te busco yo cuando tengo que llamarte la atención.

¿Qué no me meta en tu vida? Hijo, yo no me meto en tu vida, tú te has metido en la mía, y te aseguro que desde el primer día, hasta el día de hoy, no me he arrepentido de que te hayas metido en ella, y de que la hayas cambiado para siempre.

Mientras esté vivo, me meteré en tu vida, así como te metiste en la mía; para ayudarte, para formarte, para amarte y para hacer de ti un hombre o una mujer de bien.

Solo los padres que saben meterse en la vida de sus hijos logran hacer de estos, hombres y mujeres de bien, que triunfen en la vida y sean capaces de amar.

A los papás que lo hacen: ¡Muchas gracias por meterse en la vida de sus hijos, o mejor dicho, por haber permitido que sus hijos se metan en sus vidas!

A los hijos de esos padres: ¡Valoren a sus padres, no son perfectos pero los aman; y lo único que desean es que vosotros seais capaces de salir adelante en la vida y triunfar como hombres y mujeres de bien, hombres y mujeres felices.

La vida da muchas vueltas, y en menos de lo que os imaginais alguien os dirá… “¡Papá, Mamá, no te metas en mi vida!”

La paternidad no es un capricho o un accidente, es un don de Dios, que nace del Amor.

Te Ex-Quiero…

Todos tenemos un/a ex, o dos, o varios/as. Personas que han formado parte de nuestras vidas y que en más o en menos tiempo y que con más o con menos sentimientos, marcaron un antes y un después en nuestra historia.

Ex, una palabra indecorosa, antiestética, que casi siempre viene acompañada de dolor de estómago, de recuerdos repletos de nostalgia, confusión, rencor y a veces de odio. ¿Por qué? ¿Por qué en la mayoría de los casos, después de haber roto una relación sentimental ya no volvemos a tener contacto, ni una relación cordial o de amistad, con una persona con la que hemos compartido tanto? ¿No es triste? Es tristísimo.

Personas con las que hemos compartido nuestro cuerpo, nuestros besos, nuestra piel, nuestros secretos más íntimos. Personas a las que juramos amor eterno, personas con las que recorrimos el mundo de la mano, personas que hicieron de sus chistes nuestra sutileza, personas con las que nos pasábamos horas y horas hablando hasta que los gritos se hicieron protagonista de una película que empezó siendo de amor, y terminó siendo un thriller de Hitchcock. Personas con las que diseñamos planes y construímos puentes que creíamos indestructibles. Preciosas historias que se esfumaron en un recuerdo amargo. Los mejores años de nuestra vida, nuestro amor hecho hijos y cientos de te quieros que volaron al viento sin dueño. Sin rumbo. Sin prisa.

Y hoy si te veo no me saludas. No te saludo.

Y hoy no te quiero. Hoy te odio.

Y hoy ya no me pareces guapo, ni guapa. ¿Cómo pude fijarme en ti?

Y hoy olvidé todo eso que me enamoró de ti. Aunque bueno, realmente creo que nunca lo estuve.

Y hoy no eres nadie para mí. Ni un amigo, ni una amiga. Y hoy cuando me hablan de ti me sumo a la indiferencia o si aún no lo he superado, te critico hasta quedarme sin más argumento que insultos vacíos de lógica.

Hoy ya no guardo tus fotos. O sí. Eso nunca lo sabrás.

Y hoy ni siquiera, me permito el lujo de pensar en ti.

¿No es mohíno? Lo es y mucho.

Para ser un buen ex, debiste ser primero una buena pareja. Y quiero pensar que muchos de nosotros no lo fuimos, porque si no ¿qué sentido tiene odiar a nuestros exs? ¿Qué sentido tiene no darles un espacio en nuestras vidas? ¿Pudimos amar tanto a alguien que hoy ni siquiera nos importa?. Quizás los prejuicios, esta estúpida sociedad que nos ha enseñado a amar de una forma tan tóxica, hace que no esté bien visto tener relación con personas que formaron parte de nuestro pasado. Cuando deberían ser ellos y ellas nuestros mejores amigos. Esas personas con las que compartimos más que con cualquier otra persona en el mundo. Esa persona a la que regalamos nuestra desnudez, el olor a recién levantado y el último beso de cada luna. Esa persona con la que dibujábamos vacaciones, partituras hechas canción sin melodía y personas que creímos nuestra alma gemela. Posiblemente lo fuera. Aunque no durara para siempre.

¿Por qué nos odiamos?

¿Por qué tienes que odiarme?

¿Por qué aunque hoy ya no seamos pareja ni nos una ese vínculo sentimental, no podemos mantener una relación sana, desearnos lo mejor y darnos un abrazo sincero cada vez que nos veamos? Por suerte aún hay ex parejas que lo hacen. Hay ex parejas que supieron afrontar con madurez su ruptura y hoy, son mejores amigos. Que hoy son padres compañeros de criaturas maravillosas. O son conocidos que se saludan cordialmente y se desean lo mejor. No celan de sus actuales parejas, porque eso, está más que superado.

Supongo que el problema está cuando no se supera. Porque acaso ¿el odio no es una forma de amor? ¿acaso llamar la atención del otro aún siendo de malas formas, no es una manera de decir “ey aún te quiero”?. Sí, lo es. Y quizás por eso la gran mayoría de nosotros no es capaz de ver a un ex como lo que fue. Una persona importante en nuestras vidas que por encima de todo, merece el mayor de nuestros respetos. O no. Porque como dije antes “para ser un buen ex, tuviste que ser una buena pareja”. Y entiendo esos casos donde el mal querer hizo mella, donde nunca existió una amistad ni un amor sincero. Entonces en esos casos, se entiende que un ex quede desterrado para siempre.

Me gusta pensar que aunque tengamos el mismo nombre y apellidos durante toda nuestra vida, que aunque el número de nuestro DNI y Seguridad Social no cambie, realmente podemos llegar a ser varias personas distintas en una misma vida. En mi caso, yo a las quince años no era igual que a los veinte. Ni a los veinticinco era igual al hombre que soy hoy en día. Estoy hecho de experiencias, de caídas, de estúpidos errores que cometí en el pasado, de melodías rotas y melodías eternas que siempre bailarán al son del sol de Noviembre. Estoy hecho de ti, de ti y de ti también. Hecho de besos inexpertos y hecho de besos maduros. Estoy hecho de lágrimas, de corazones rotos y de promesas que nunca se escribieron. Estoy hecho de amor, de decepción y de todas esas personas que pasaron por mi vida. Estoy hecha de ex- te quieros, y de todos esos exs que me enseñaron (unos mejor que otros) a ser quien soy hoy en día. ¡GRACIAS!

Porque por muy mal que nos fuera, por muy mal que ese ex o esa ex nos lo hiciese pasar, debemos sentirnos agradecidos.

Agradecidos por lo que nos dieron, por lo que nos quitaron.

Por todo lo que crecimos y aprendimos a su lado.

Por la forma en la que nos amaron, aunque nos amasen mal o simplemente no lo hicieran.

Por esos días de sus vidas que eligieron pasarlo con nosotros y aunque hoy seamos un ex odioso para ellos, en el fondo de nuestro corazón, si alguna vez hubo amor de verdad, hubo amor al fin y al cabo, ese recuerdo perdurará el resto de nuestras vidas.

……….

Hoy que te tengo delante, te miro con los ojos estallados en lágrimas y suplicándole al cielo que no te conviertas TÚ en unos de mis exs. Porque quiero quererte siempre, amarte siempre, contar arrugas a tu lado y decirte al oído en un último suspiro “gracias”.

Te ex-quiero.

Y te ex-querré siempre.