Viniste a experimentar

Viniste a experimentar, lo has escuchado muchas veces, sin embargo a veces, el miedo no te deja experimentar lo que tu Ser desea.
También sientes que hay experiencias que ya no necesitas vivir, es porque tu Ser ya recogió el aprendizaje que conllevan esas experiencias, en otras encarnaciones.
Las escuelas Planetarias son escuelas de evolución para todos los seres encarnados en ellas.

El cuarto reino, el humano, está aprendiendo con las experiencias a reconocer el Ser Divino que Es.

Cuando ya se está muy maduro de experiencias, el Alma se dirige a buscar otras cosas, el origen, entonces llega a ese estado de que el mundo ya no le aporta satisfacción, ya no se entretiene con los regalitos de experiencias del mundo y anhela encontrar algo superior, algo que de momento desconoce, pero que su Alma le inquieta a buscar.

Entonces es cuando el Discipulado comienza en el Ser que se está dirigiendo a encontrarse a Sí Mismo. Encuentra el camino del conocimiento y comienza a «verse» sin tapujos, con verdad. Al principio cuesta, porque hay mucho que desmontar para poder erguir el verdadero Templo que somos, pasaremos muchas pruebas, a veces con desasosiego y deseos de volver a nuestra vida anterior, pero el anhelo es tan fuerte cuando ya se está maduro de experiencias, que podremos traspasar y vencer todas las batallas internas, hasta por fin ver el Sol, salir de la caverna oscura en donde nos encontrábamos, que éramos nosotros mismos, llenos de ignorancia y oscuridad. Ahora con la Luz de la Sabiduría encendida en nosotros, la comprensión de las cosas y sucesos llega y con ello la humildad y la compasión. El verdadero Amor se despierta en el Iniciado que en su silencio interior, ha conectado con el Dios que Es y siente que es parte del Todo Creador.

Espíritu y materia se han unido en la encarnación. La misión está cumplida cuando se hace la conexión con el Ser Verdadero, Puro e Inocente que todos somos. La vuelta al Hogar se realiza, la vuelta a la Felicidad de la que salimos, y despiertos ahora regresamos, la Alegría Interna nos envuelve, pues hemos encontrado el Verdadero Regalo que es la Vida!!!

Seguiremos viviendo las experiencias de la vida, mientras sigamos encarnados, pero ahora desde la conexión interna del Ser, sin necesidades, con desapego, con abundancia, con libertad interior, con Amor y Unión hacia todo, con plenitud y satisfacción pues ya sentimos y vivimos la Unidad e Inteligencia de toda la Creación, somos Uno con toda la Familia Cósmica y sentimos la afiliación con el Universo, con lo que Somos, con el Creador y toda la Creación.

Celebración

Hoy mañana y todos los días. ¿Te has preguntado alguna vez por qué en todo el mundo, en cada cultura y en cada sociedad, hay unos pocos días al año destinados a la celebración?

Esos días de celebración son tan sólo una compensación, pues dichas sociedades han eliminado toda celebración de tu vida; pero si no te ofrecen nada en compensación, tu vida puede convertirse en un peligro para la cultura.

Toda cultura tiene que darte alguna compensación para que no te sientas abocado al sufrimiento y la tristeza; pero tales compensaciones son falsas. Los petardos y las luces no consiguen hacer que disfrutes. Sólo son para los niños; para ti son nada más que una molestia, mientras que en tu mundo interior puede haber un festival ininterrumpido de luces, canciones y placeres.

No olvides nunca que la sociedad te compensa cuando le parece que lo reprimido puede estallar en una situación peligrosa si no es compensado. La sociedad encuentra un modo u otro de permitirte que dejes salir lo reprimido, pero eso no es verdadera celebración, por lo que no puede ser auténtica.

La verdadera celebración emana de tu vida, está en tu vida y no puede ajustarse a ningún calendario.
«Osho«

Las heridas del pasado…

He leído el libro “Los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus” al menos media docena de veces. A veces me limito a repasar un capítulo concreto. Me parece la Biblia que ayuda a comprender las relaciones personales, y en concreto las relaciones de pareja.

Recientemente, me ocurrió que volví a leer el último capítulo. Curiosamente, conocía los conceptos más que de sobra, pero había olvidado por completo que éstos se contemplaran en él. Por desgracia, conocer los conceptos no siempre implica que tengamos el grado de presencia necesario para detectarlos cuando aparecen.

Cuando estamos disgustados con nuestra pareja, aproximadamente el 90 por ciento del disgusto tiene que ver con nuestro pasado y nada que ver con lo que creemos es su causa. En general, sólo el 10 por ciento aproximadamente de ese disgusto tiene relación con la experiencia del momento.

Veamos un ejemplo: si nuestra pareja se muestra un tanto crítica en su relación con nosotros, puede herir un poco nuestros sentimientos. Pero al ser adultos, somos capaces de comprender que no es su intención criticarnos, o bien ver que ha tenido un mal día. Esta comprensión impide que sus críticas sean excesivamente dañinas. No nos las tomamos en sentido personal.

Pero otro día, en cambio, sus críticas nos hacen mucho daño. Esos días, nuestros sentimientos heridos del pasado están camino de la superficie. Como consecuencia, somos mucho más vulnerables a las críticas de nuestra pareja. Éstas duelen mucho porque, cuando niños, éramos objeto de severas críticas. La crítica de nuestra pareja duele más porque dispara también nuestro dolor del pasado.

Cuando niños no podíamos comprender que éramos inocentes y que la negatividad de nuestros padres era problema de ellos. En la infancia nos tomamos personalmente todas las críticas, los rechazos y las culpabilizaciones.

Cuando surgen esos sentimientos no resueltos de la infancia, interpretamos fácilmente los comentarios de nuestra pareja como crítica, rechazo o culpabilización. Es difícil en esos momentos tener conversaciones maduras. Todo se interpreta mal. Cuando creemos que nuestra pareja nos está criticando, el diez por ciento de nuestra reacción tiene relación con los efectos de estas críticas y el noventa por ciento con nuestro pasado.

Imagina que alguien te da un golpecito en el brazo o choca ligeramente contigo. El daño no es muy grande. Imagina ahora que tienes una herida abierta o una llaga y que alguien empieza a hurgar en ella o choca contigo. Duele mucho más. Del mismo modo, cuando surgen sentimientos no resueltos somos excesivamente susceptibles a los golpes y choques que se producen normalmente en las relaciones.

Es posible que, al comienzo de una relación, no seamos tan susceptibles. Nuestros sentimientos del pasado tardan en surgir. Pero cuando surgen, reaccionamos de otro modo ante nuestras parejas. En la mayoría de las relaciones, el noventa por ciento de lo que nos disgusta no nos afectaría si no fuera porque surgen nuestros sentimientos no resueltos del pasado.

Una de las paradojas de las relaciones afectivas es que, cuando las cosas van bien y nos sentimos amados, podemos de repente comprobar que nos distanciamos emocionalmente de nuestras parejas o reaccionamos de maneras poco afectuosas. Quizás te suenen algunas de estas situaciones:

Es posible que sientas un gran amor por tu pareja y de pronto, de la noche a la mañana, despiertes sintiéndote fastidiado y resentido con él o ella.

Eres afectuoso, paciente y tolerante y de repente, al día siguiente, te vuelves exigente o insatisfecho.

No te ves a ti mismo si no es amando a tu pareja y luego, al día siguiente, tenéis una discusión y de pronto os ponéis a pensar en el divorcio.

Eres feliz con tu pareja y luego, súbitamente, te sientes inseguro acerca de la relación o impotente para obtener lo que necesitas.

Eres generoso con tu amor y luego, de repente, empiezas a retirarlo, juzgar, criticar, controlar o enfadarte.

Te sientes atraído hacia tu pareja y luego, cuando él o ella establece un compromiso, pierde su atractivo o encuentras más atractivos a otros.

Te sientas a gusto contigo mismo y con tu vida, y luego, de pronto, empiezas a sentirte indigno, inadecuado o insatisfecho.

Has pasado un día maravilloso y estás esperando ver a tu pareja, pero, cuando la vez, algo de lo que tu pareja te dice te hace sentirte decepcionado, deprimido, asqueado, cansado o distante emocionalmente.

 

Estos cambios repentinos confunden y, sin embargo, son frecuentes. Si no entendemos por qué se producen, podemos creer, equivocadamente, que nuestro amor ha muerto. Afortunadamente, hay una explicación.

El amor saca al exterior nuestros sentimientos no resueltos. Un día nos sentimos amados y, al día siguiente, de pronto, tenemos miedo de confiar en el amor. Los dolorosos recuerdos de rechazo empiezan a salir a la superficie cuando nos enfrentamos a la necesidad de confiar y aceptar el amor de nuestra pareja.

Siempre que nos amamos más o somos amados por los demás, los sentimientos reprimidos tienden a surgir y a ensombrecer momentáneamente nuestra conciencia afectiva. Surgen para ser curados y liberados. Y puede que nos volvamos de repente irritables, defensivos, críticos, resentidos, exigentes, insensibles o coléricos.

Sentimientos que no pudimos expresar en nuestro pasado inundan de pronto nuestra conciencia cuando estamos en situación de sentir sin peligro. El amor derrite nuestros sentimientos reprimidos y, poco a poco, estos sentimientos no resueltos empiezan a abrumar nuestra relación.

Es como si nuestros sentimientos no resueltos esperaran hasta que nos sentimos amados para entonces surgir y ser curados. Nos paseamos todos por ahí con un fardo de sentimientos no resueltos, las heridas de nuestro pasado que yacen dormidas dentro de nosotros hasta que llega el momento en que nos sentimos amados. Entonces, cuando podemos ser sin peligro nosotros mismos, surgen los sentimientos heridos.

Si podemos tratar con éxito estos sentimientos nos sentiremos mucho mejor y daremos más vida a nuestro potencial creativo y afectivo. Pero, si iniciamos una pelea y culpabilizamos a nuestra pareja en lugar de curar nuestro pasado, lo único que conseguiremos es disgustarnos para luego reprimir de nuevo los sentimientos.

El problema estriba en que los sentimientos reprimidos no vienen y dicen: “Hola, soy tus sentimientos no resueltos del pasado”. Si empiezan a surgir tus sentimientos de abandono o rechazo de la infancia te sentirás abandonado o rechazado por tu pareja. El dolor del pasado se proyecta al presente. Cosas que normalmente carecerían de importancia pueden llegar a doler mucho.

Nuestros sentimientos del pasado surgen de improviso, en momentos en que en realidad nos sentimos bien, felices o afectuosos. En estos momentos positivos, inexplicablemente, pueden surgir peleas en las relaciones afectivas cuando todo parecía indicar que sus miembros han de ser felices.

Vacío…

Cuando nos sentimos vacíos, intentamos llenarnos con rellenos temporales como la comida, las drogas, el sexo o las compras. ¡O intentamos escapar a otro lugar por completo! ¿Vacío en un matrimonio? Buscamos otro esposo/a. ¿Problemas en un empleo? Encontramos otro.

Pero como sabemos, la elevación temporal se desvanece, lo cual nos deja sintiéndonos agotados, y nuestros problemas nos siguen de un consorte al otro y de un trabajo al otro.

Existe sólo una forma de remover el vacío y esa forma es: Cambiando nosotros mismos.

Cuando somos confrontados con el vacio o con un problema, es el momento de comenzar a preguntarnos las interrogantes como: ¿Qué no he estado dispuesto a hacer para crear la vida que quiero vivir? ¿Dónde soy responsable en esta situación? ¿Qué podría estar haciendo diferente?

El vacío es un obsequio del universo diciéndonos: “¡Despierta! Estás en un camino hacia la destrucción. No estás haciendo el trabajo de cambiarte a ti mismo”.

«Victor Penades»

Feliz 2019

Dicen que antes de un río entrar en el mar, tiembla de miedo. Mira para atrás, para todo el día recorrido, para las cumbres y las montañas, para el largo y sinuoso camino que atravesó entre selvas y pueblos, y vé hacia adelante un océano tan extenso, que entrar en él es nada más que desaparecer para siempre. Pero no existe otra manera. El río no puede volver. Nadie puede volver.

Volver es imposible en la existencia. El río precisa arriesgarse y entrar al océano. Solamente al entrar en él, el miedo desaparecerá, porque apenas en ese momento, sabrá que no se trata de desaparecer en él, sino volverse océano.
«Khalil Gilbran»

Es imposible vivir el 2018 nuevamente, pero 2019 es nuestro océano posible.

Feliz año 2019…